4o. Dom Ord Ciclo B (Id=111)
Sálvanos, Señor Dios nuestro; reúnenos de entre las
naciones, para que podamos agradecer tu poder santo y sea nuestra gloria el
alabarte.
Oración Colecta
Oremos:
Señor, concédenos amarte con todo el corazón y, con el mismo amor, amar a
nuestros prójimos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Les daré un profeta y pondré mis palabras en su boca
Lectura del libro del Deuteronomio
18, 15-20
En aquellos días, habló Moisés al pueblo diciendo:
"El Señor tu Dios suscitará en medio de tus hermanos un profeta como yo. A
él lo escucharán. Es lo que pediste al Señor tu Dios en el Horeb:
"No quiero escuchar más la voz del Señor mi Dios, ni quiero volver a ver
aquel gran fuego, para no morir".
El Señor me respondió:
"Dicen bien; yo suscitaré en medio de sus hermanos un profeta como tú;
pondré mis palabras en su boca y él les dirá lo que yo le mande. A quien no
escuche las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo mismo le pediré cuentas.
Pero el profeta que tenga el atrevimiento de anunciar en mi nombre lo que yo no
le haya mandado decir o hable en nombre de otros dioses, morirá"".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 94
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utinam hódie vocem
Dómini audiátis: «Nolíte obduráre corda vestra».
Vengan, cantemos alegres al Señor, aclamemos a la Roca que
nos salva; entremos en su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utinam hódie vocem Dómini
audiátis: «Nolíte obduráre corda vestra».
Entremos, postrémonos para adorarlo, arrodillémonos ante el
Señor, que nos ha hecho. Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, ovejas
que él apacienta.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utinam hódie vocem
Dómini audiátis: «Nolíte obduráre corda vestra».
¡Ojalá escuchen hoy su voz!: "No endurezcan su corazón
como en Meribá, como el día de Masá
en el desierto, cuando me tentaron sus antepasados, y me pusieron a prueba, a
pesar de haber visto mis obras".
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utinam hódie vocem
Dómini audiátis: «Nolíte obduráre corda vestra».
La mujer soltera se preocupa de las cosas del Señor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los
Corintios
7, 32-35
Hermanos: Quiero que estén libres de preocupaciones. Y
mientras el soltero está en situación de preocuparse de las cosas del Señor y
de cómo agradar a Dios, el casado debe preocuparse de las cosas de esta vida y
de cómo agradar a su esposa, y por eso está dividido.
En la misma forma, la mujer sin marido y la soltera están en situación de
preocuparse de las cosas del Señor, consagrándose a él en cuerpo y alma. La
casada, en cambio, se preocupa de las cosas de esta vida y de cómo agradar a su
esposo.
Les digo esto no para ponerles una trampa, sino para su provecho, teniendo en
cuenta lo que es noble y facilita la dedicación plena al Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en
tierra de sombras una luz resplandeció.
Pópulus qui sedébat
in ténebris vidit lucem magnam, et sedéntibus in regióne umbrae mortis lux orta est eis.
Aleluya.
No enseñaba como los escribas, sino con autoridad
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
1, 21-28
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo llegó Jesús a Cafarnaún
y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar a la gente que estaba
admirada de su enseñanza, porque enseñaba con autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a
gritar:
"¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a
destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios".
Jesús le ordenó:
"¡Cállate y sal de ese hombre!"
El Espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un alarido, salió de él.
Todos quedaron asombrados y se decían unos a otros:
"¿Qué es ésto? ¡Una doctrina nueva llena de
autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus inmundos y éstos lo obedecen!"
Y muy pronto se extendió su fama por toda la región de Galilea.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Invoquemos, hermanos y hermanas, con corazón unánime y plegaria ferviente a
Dios Padre, fuente y origen de todo bien:
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor).
Por la santa Iglesia, reunida aquí en el nombre del Señor y
extendida por todo el mundo, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por nuestra comunidad, por su prosperidad y por todos los
que en ella viven, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los que están de viaje, por los enfermos y prisioneros,
por los pobres y todos los que sufren, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por nuestros hermanos difuntos, para que Dios los reciba en
su reino de luz y felicidad, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, que en Cristo, tu Hijo, nos has dado el único maestro de
sabiduría y el verdadero libertador de las fuerzas del mal; escucha nuestras
oraciones y haznos fuertes en la confesión de la fe, para que proclamemos
siempre, de palabra y de obra tu verdad y demos testimonio de cómo son felices
cuantos en ti ponen su esperanza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta,
Señor, estos dones que te presentamos en señal de sumisión a ti, y conviértelos
en el sacramento de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El día del Señor
En
verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre Santo, fuente de la verdad y
de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta.
Hoy tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra, y en la comunión del pan
único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el
domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso.
Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu misericordia.
Con esta gozosa esperanza y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos
unánimes el himno de tu gloria:
[Misa]
Ven, Señor, en ayuda de tu siervo y sálvame por tu
misericordia. Que no me arrepienta nunca de haberte invocado.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que el sacramento del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo que acabamos de recibir,
nos ayude, Señor, a vivir más profundamente nuestra fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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